Soy un fruto de ABUA

Conectar con la generaciones anteriores y aprender de su caminar es un deber para todo abuense ya que ¡ABUA tiene historia!
Así lo hizo el grupo de Rosario cuando invitó a Silvia Roitberg a compartir un encuentro de capacitación. Silvia fue estudiante de Roitbergpsicología en la década del 60 quien, con lágrimas en los ojos, narró su historia de conversión a través de ABUA. “Soy un fruto de ABUA” dijo, y sonrió dulcemente.
De familia judía, Silvia nunca había tenido la oportunidad de conocer sobre Jesús hasta que compañeros de estudio la animaron. Con el tiempo se fue acercando a la Palabra y de a poco se fue convenciendo que el Mesías esperado por el pueblo judío ya había llegado.
Sus posteriores decisiones fueron guiadas por su fe en ese Mesías que vino a “dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor”
Este Cristo la llevó a desarrollar una sensibilidad patente por los que menos tienen.
Así, ya casi siendo una profesional, decide ir a la zona rural de Formosa, donde se suma a una misión cristiana para alfabetizar a niños y adultos. Lo que en un principio pareció algo pasajero se convirtieron en 14 años de servicio contínuo. Pasado este tiempo volvío a su ciudad, Rosario, en donde continuó (y continúa) sirviendo en diferentes congregaciones y espacios educativos.
Silvia se considera un fruto de ABUA ¡Y qué orgullo para ABUA tener un fruto como ella! Y pensar que la semillita de ese fruto comenzó con una compañera de estudios que tuvo el coraje de compartir a Jesús…

¡Agradecidos están los abuenses rosarinos por conocerte!

En un momento de la noche, Silvia desafío a los estudiantes a comprometerse y usó estas palabras:

¿Me comprometo como cristiano?
¿Estoy haciendo lo suficiente para cumplir con lo que manda La Palabra?
¿No estoy resultando un tibio cristiano, que se conforma con proclamar su fe en Dios, acude a las reuniones, aporta o no su diezmo, lee la Biblia pero deja mucho que hacer por el prójimo necesitado, por la reivindicación de los marginados, por la defensa de las causas justas, por los crímenes impunes, por el trabajador mal remunerado, por el indio desposeído de su tierra, por el que no tiene acceso a la salud, educación o a la vivienda?
¿Estoy haciendo algo por los niños de la calle, por las mujeres maltratadas, por los discapacitados con carencias espirituales y/o materiales?
¿Intervengo en los reclamos por la falta de honestidad en las más altas esferas del gobierno y la sociedad? ¿Trabajo activamente en contra de la corrupción?
¿Trato de concientizar, en lo que a mi compete, en qué consiste el respeto a la dignidad humana desde el punto de vista bíblico? ¿O fue Jesús acaso un pacífico pastor de almas?
Para su época fue combatido como un verdadero subversivo. Lideró multitudes proclamando justicia y dignidad en nombre de Dios y entregó sus vida en defensa de la nuestra.
Si esto no nos alcanza para jugarnos como cristianos de verdad será porque no merecemos llamarnos así.

Luego hubo un educador silencio.

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