El orden de los factores altera el producto – Por Marcos L.

Como cultura social cuando una persona se gradúa pasa de ser un simple ser humano a ser un “licenciado”,“ingeniero”, “abogado”, etc. A tal punto se da esta transformación interior que se manifiesta en el exterior anticipando su título a su nombre, por ejemplo “Lic. Lopez”. ¿Por qué? Porque cuando una entidad superior nos da un titulo transforma nuestra identidad, cuanto mayor es el grado de la entidad que emite el titulo desplaza al anterior así como un “técnico” en sistemas reemplaza este título menor por un titulo mayor de licenciatura.

Hay un peligro muy grande en esto, que parece ser algo 100% inocente, pero que en realidad no lo es. Cuando un hijo de Dios toma un titulo terrenal como superlativo a su persona este transforma su identidad, principalmente poniendo sus ojos en lo terrenal que en lo eterno y luego empieza a comportarse mas como su título universitario dictamina que como Dios manda. Entonces cuando el reino nos exige un comportamiento y la profesión uno contrario se encuentra en una encrucijada. Permítanme decirles amigos y hermanos, no existe tal encrucijada para un Hijo de Dios cuya identidad esta cimentada en la roca.

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Este comportamiento no es, en la mayoría de los casos, intencional. Es subconsciente, Pero ¿Por qué sucede esto? Porque no comprendemos la magnitud de ser llamados “Hijos de Dios”, no estamos entendiendo la profundidad del título que nos fue otorgado y quien nos lo otorgo. Muchos estudian una ciencia con un orden dado, esa ciencia les otorga un titulo y se olvidan del título que les otorga aquel que dio el orden que hace que la ciencia sea tal.

Cuando una universidad nos otorga un titulo no necesitamos que alguien venga a validar nuestro titulo porque aceptamos al establecimiento como capaz para hacerlo y cuanto más renombre tenga la universidad menos dudas hay. El problema se da en que no estamos entendiendo quien nos está llamando “Hijos”. Las personas de la tierra se interrelacionan y se presentan como “yo soy hijo del presidente” o “yo soy hermana del diputado X”. El rey eterno te llama su hijo ¿será que le estamos otorgando mayor poder a la palabra de una entidad terrenal que a Aquel que creo todas las cosas?

Es nuestra filiación eterna la que nos otorga valor y no una casa de estudios. El principado que recaía sobre el hombro de Jesús nos fue dado (Is. 9:6), aquel que era primogénito de toda creación comparte su herencia eterna con cada uno de nosotros y no se avergüenza de llamarse nuestro hermano (He 2:11; Ro 8:29). Jesús reinara las naciones en el siglo venidero y vos y yo reinaremos juntamente con él (Ap. 5:10).

Todo se resume a Jesucristo, por Él y para Él son hechas todas las cosas, Él es el alfa y el omega, el principio y el fin, todo comienza por Él y termina en Él, que tu carrera universitaria y profesional también sea así. Estas colocado en un lugar estratégico por el Espíritu de Dios para contar las buenas nuevas de salvación en la universidad y hasta lo último de la tierra. Para ser de bendición con tú vida y profesión a otros.

Por favor no estudies para ser alguien, porque no eres “alguien”. Eres su hijo/a amado quien le causa mucho placer.

Mi oración es que el Espíritu Santo que mora en ti revele a tu espíritu que eres hijo de Dios y que el entendimiento y sabiduría de lo alto abran tus ojos, sin eso estas son simplemente palabras de un hombre.

Con amor fraternal…

Marcos J. Lauriente – Hijo del Dios Altísimo – Estudiante del Instituto Ministerial “MiSion” – Líder de Adoración – Microsoft Certified System Engineer bajo las tecnologías Windows Server 2003/2008 – Responsable de la infraestructura informática del grupo textil Cladd ITASA.

2 Replies to “El orden de los factores altera el producto – Por Marcos L.”

  1. Alejandro Augusto Medina

    Hermano Marcos me gusto mucho lo que escribiste en este articulo, nos hace reflexionar a todos los creyentes en Cristo, y poner las cosas de la vida en su justa prioridad e importancia, el articulo me resulto inspirador y edificante. Un abrazo y Dios te bendiga!

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