El espacio de la fe en la arquitectura – Por Ramiro D.

“El arquitecto es el hombre (o mujer) sintético, el que es capaz de ver las cosas en conjunto antes de que estén hechas.” Antoni Gaudí

En nuestro entorno, de fuerte pensamiento griego y descartiano, es normal encasillar profesiones y prejuzgar sus alcances e implicancias. Así es como la arquitectura llega a ser conocida como una profesión que “se dedica a la construcción de casas o edificios, en cuanto a su valor estético solamente”, surgiendo así, por ejemplo, curiosas y divertidas comparaciones entre los arquitectos y los ingenieros civiles.
Es tan popular este prejuicio sobre la arquitectura, que cuando comento que mi tesis final, que llevo adelante con dos compañeros, es: “el problema de los adolescentes en conflicto con la ley penal”, las personas suelen quedar absortas y no llegan a comprender que tiene que ver esto con la arquitectura. ¿Serán las problemáticas sociales trabajo exclusivo de los sociólogos? ¿O de los trabajadores sociales? ¿O de los políticos?

Lo cierto es que como dice Gaudí, el arquitecto debe concebir las cosas en su mente antes de que estén hechas. Es por esto que mi fe me guío a esa problemática, ya que la experiencia indica que las instituciones que se supone deben corregir los problemas de delincuencia juvenil los terminan agravando, o atentan contra la vida de los adolescentes que concurren a ellas. Y fue ahí cuando imaginé un lugar diferente, un espacio con interacciones más igualitarias, un espacio donde se pueda aprender a vivir en sociedad, donde se pueda vivir el Reino de Dios.
Para profundizar en esta compleja temática tuvimos que entender la problemática en contexto, así que consultamos a jueces, sociólogos, educadores sociales, ONGs relacionadas con los correccionales, ex secretarios de niñez, leímos libros, vimos documentales, etc. A decir verdad, no nos encontramos con lo que esperábamos y eso nos sorprendió.
Esperábamos hacer una “recomposición” del actual complejo edilicio, pero terminamos descubriendo que en realidad el problema estaba en el diseño de la ciudad y no en estos institutos puntualmente. Debimos cambiar nuestro ámbito de acción desde un terreno de 68 hectáreas a toda la ciudad de Córdoba, ya que de la manera como está organizada hoy en día sólo funciona como un aparato de exclusión, quitando oportunidades a quienes les toca nacer en determinados barrios.
Creamos entonces un sistema inserto en la ciudad, a diferencia del anterior que estaba fuera de la ciudad, y lo relacionamos con las familias y el entorno del joven, dando equipamientos culturales y deportivos al barrio. Dispusimos estos centros en las zonas de fricción entre barrios de diferentes clases sociales, haciendo “puentes” entre ellos. Entendí en este punto, en medio de esta investigación, el compromiso y la humildad que se necesita para relacionar la profesión con la fe. Compromiso para no dar la respuesta fácil, la que no nos cuesta dar, para profundizar y conocer qué haremos y con quién. Y humildad para reconocer que no sabemos todo, que la multidisciplinariedad es una herramienta valiosísima para la construcción de conocimiento y también de espacios habitables.

Parque Biblioteca

Parque Biblioteca España / Giancarlo Mazzanti. Antioquía-Colombia. Obra de biblioteca, centro cultural, centro vecinal y espacio público para un sector marginado.

Si bien es cierto que cualquier persona comprometida puede preocuparse y ocuparse de cuestiones sociales desde su carrera, y que no hay una necesidad de aludir a la fe como el motor de sus actos, en mi experiencia personal es innegable que el Reino de Dios y su justicia fueron los que guiaron mis incertidumbres y me lanzaron a entender mi profesión como una herramienta de servicio.

A medida que seguíamos avanzando con la investigación iban surgiendo más y más interrogantes, que se relacionaron con otras interrogantes que traía con anterioridad sobre mi profesión: En un país donde casi el 50% de los niños son pobres ¿no tenemos nada para decir los arquitectos sobre espacios de aprendizaje inclusivo? ¿sobre el juego? ¿sobre la seguridad?.
¿Por qué las estructuras de poder no tienen ninguna dificultad para llevar a cabo la dominación del espacio en el que vivimos y nos movemos?.
¿Por qué las ciudades son exclusivas, creando barrios cerrados, altos muros y pocos espacios para compartir?.
En un contexto de desigualdad extrema como lo es en Latinoamérica, ¿no deberíamos concentrar nuestras fuerzas en los espacios públicos de calidad, donde la sociedad toda se encuentre, se transforme y recree?
Y hablando de lo mismo ¿no decimos nada los arquitectos cristianos sobre el modo de vida individualista, aislante, que causa depresión y malestar?
¿Podremos proponer nuevos modos de habitar, más comunitarios, más sustentables, no dando de comer al mercado con edificios “caja de zapatos”?
¿Por qué es tan poco eficiente el transporte público para las zonas que más lo necesitan?
¿Por qué contaminamos el planeta usando un auto por persona cuando se pueden compartir?
¿Qué lugar tiene la naturaleza en nuestras construcciones?, las formas de construcción milenarias, amigables con el medio ambiente ¿son tan descabelladas que no forman parte de las reflexiones académicas dentro de la currícula universitaria?

Quizás sean estas preguntas lo más valorable e importante que pueda dejar a quien lea esto, ya sea arquitecto o estudiante de arquitectura (o también algún ávido lector intrigado). Son las preguntas las me construyen y deconstruyen constantemente, son variadas, multifacéticas, filosas, peligrosas. Son las preguntas que me hace el carpintero, mientras camina por Galilea, por Samaria, por Decápolis o por la región de Tiro y Sidón. Él me desafía con su manera especial de decir las cosas, y mientras lo veo sanando a los desvalidos me dice: <“Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible.”> (Lucas 6:48-49)
Que podamos usar ese cimiento para todas nuestras construcciones, y no tengamos nuestra profesión o estudio separados de nuestra fe. ¡Vivamos el Reino de Dios también con nuestra forma de construir!

Ramiro Domenech, estudiante de arquitectura en tesis en la UNC en Córdoba. Adscripto en la cátedra de Arquitectura Paisajista y miembro de ABUA.

4 Replies to “El espacio de la fe en la arquitectura – Por Ramiro D.”

  1. Pablo P.

    Muy buen artículo Ramiro, felicitaciones. Genera intriga sobre tu tesina, quizás nos puedas contar más de ella en otra ocasión.
    Saludos!

  2. Angie

    Excelente artículo Ramiro! Celebro que el tema disparador de tu tesis te haya dado otra mirada de la ciudad, ciudad que seguramente como todas las grandes ciudades de Argentina se encuentran trazadas por las contradicciones de los grandes, espejados e inteligentes edificios, frente a los aún mas grandes y desinteligentes cordones de pobreza, los cuales nos recuerdan día a día de que la desigualdad sigue siendo la regla en nuestro mundo y que nos invita a que como hijos de Dios actuemos en la construcción de un mundo más justo para todos.

  3. Lorena Brondani

    ¡Hola! Releyendo esto y sabiendo que Ramiro se ha recibido con 10 (Diez), esperamos noticias del fruto de la Tesis (Que como el del Espíritu Santo) sean varios en uno sólo… Nuevamente ¡Felicitaciones Ramiro! Y, paciencia y sabiduría de lo Alto en este “nuevo espacio de la fe…”

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