¿Evangelización o Técnicas de Venta? por John White

Vilavadoprueba por primera vez un “lavado de cerebro evangélico” en Inglaterra, en 1945. Me habían encargado la tarea de ayudar a cierta chica que una noche había “pasado al frente” y que a la mañana siguiente, al despertarse, se dio cuenta que la habían empujado con engaños a “hacer una decisión”. Su angustia y confusión me perturbaron profundamente. Se podría argüir que su conversión fue genuina, y que la reacción posterior fue obra del diablo. Recuerdo que yo mismo juzgué las cosas de ese modo aquella vez. Ahora me inclino mucho más a creer que la conversión de esa muchacha había sido psicológica pero no espiritual.
Me explico. En cierto modo toda conversión siempre es psicológica Toda conversión supone una decisión y un cambio de actitud, y ambas cosas son fenómenos psicológicos. Pero mientras en la conversión espiritual los cambios emocionales son el resultado de la obra de Dios, en una conversión puramente psicológica tales cambios son el resultado de una técnica o de la presión emocional. No representan un milagro de la gracia.
La distinción empecé a advertirla cuando tuve noticias de las “técnicas de evangelización” usadas por los comunistas chinos, inmediata mente después del triunfo de su revolucion. Tenían grandes reuniones calcadas de nuestras reuniones evangélicas. Completas con todo: coritos comunistas, testimonios, predicadores “dinámicos”, obreros personales y llamamientos. ¿Falsificación diabólica? ¡No precisamente! Se trataba más bien de la manera china de usar abierta y deliberadamente, las técnicas que algunos evangelistas (tal vez inconscientemente) usan para conseguir convertidos.


Nuestras mentes están sujetas a ciertas leyes y por ello mismo, hasta cierto punto, es posible manipularlas. Si estoy en medio de una gran multitud, y me haces reír, luego llorar, luego reír, luego llorar otra vez; si además repites ciertas frases con insistencia y alternativamente me respondes y me consuelas; entonces, si no estoy prevenido, mi mente se va poniendo como arcilla en tus manos.
Puede así llegar el momento en que hagas lo que quieras conmigo. Mi juicio está deteriorado, mi conciencia inflamada, mis emociones hacen que todo me parezca diferente. Si en tales condiciones tomo la decisión que quieres que tome, cualquiera sea esa “decisión”, probablemente experimentaré una sensación de alivio, gozo y paz. Este es un fenómeno psicológico muy conocido. Las técnicas que lo demuestran son igualmente conocidas. Y es probable, aunque esté prevenido, me resulte difícil sustraerme a la acción de éstas, por lo menos temporalmente. La verdadera conversión, en cambio, es algo mucho más profundo. Tiene una dimensión no material, no psicológica. Produce más que gozo y paz temporales. Hace que surja la bondad, el hambre y la sed de rectitud. La pobreza, y todos los frutos de justicia. Si eres predicador del evangelio 1debes saber bien lo que haces. Ponte en guardia contra la posibilidad de usar tus habilidades de predicador para hacer psicoterapia de masas. Recuerda que estás colaborando con el Espíritu Santo. No pongas tanto empeño en conseguir gran número de conversiones, no sea que comiences a querer hacer la obra que sólo corresponde al Espíritu. Tu tarea es explicar la Palabra de Dios y señalar sus aplicaciones. La obra de Dios No es la de hacer que esta Palabra penetre de tal modo en la conciencia de una persona que la lleve a sentir convicción. En consecuencia, no te dediques a tocar la conciencia de nadie contando historias pavorosas. Deja que el Espíritu Santo haga la obra de convencer y despertar temor. Las historias deben servir para ilustrar puntos oscuros de la enseñanza, no para producir pánico en la congregación. ¿Quiere decir esto que todas las técnicas de evangelización son malas?
No, lo creo. Es imposible hacer cualquier cosa sin cierto grado de técnica. Necesitamos técnicas para comunicar la verdad con claridad. Yo diría más bien que las técnicas se vuelven inmorales cuando, consciente o inconscientemente, las usamos para intentar manejar la voluntad, las emociones o la conciencia de otro ser humano. También se vuelven inmorales cuando en nuestra mente se hacen más importantes que el Espíritu de Dios. Se vuelven inmorales cuando más que las personas nos importan los resultados.
Falsas emociones
No estoy en contra de las emociones en la predicación, pero si del emocionalismo. No me opongo a la persuasión fervorosa, pero si al uso de artimañas para hacer que un hombre cambie su manera de pensar. Pablo rogaba y amonestaba a sus oyentes aún con lágrimas. Esto es grandioso. El evangelio de Jesucristo no es una fría proposición intelectual. La situación de un hombre sin cristo tampoco es meramente asunto de interés académico.
Así que, tengamos lagrimas, pero no “técnicas lacrimógenas”; tengamos amonestación, pero no técnicas de persuasión. Cuando uno está realmente preocupado amonesta con súplica; pero cuando ha leído un manual sobre la metodología para conseguir que la gente tome decisiones, lo que está haciendo es usar una técnica de persuasión. Es preferible tener un predicador que llora y una congregación que permanece inmutable, y no lo contrario. El predicador tiene motivos para llorar. El ve, o debería ver, las cosas tal como son, y su tarea es comunicar lo que ve. Puede que no siempre sea capaz de controlar sus emociones.
El peligro de la manipulación psicológica, sin embargo, no se limita a las reuniones colectivas.
Las técnicas de evangelización personal pueden ser igualmente peligrosas.
¿No te has cruzado con personas que te han dicho “yo ya pasé por eso”? Les preguntas un poco más y descubres que habían “aceptado al Señor” cuando un obrero personal demasiado celoso los presionó mucho. Es verdad que algunos de tales “convertidos” pueden ser hombres y mujeres regenerados que han retrocedido en su fe. Pero estoy igualmente seguro que son muchos más los que sólo fueron objeto del lavado cerebral de algún “obrero personal”.
Parte de nuestro problema surge del hecho de que estamos desesperados por conseguir resultados. Quienes dan todo su tiempo a la obra del Señor deben probar que son obreros dignos de su salario. Tienen que conseguir resultados y están tan desesperados por ello como un vendedor. Tienen que probar su calidad espiritual consiguiendo trofeos (así como los valientes prueban su fuerza con los logros de la fuerza física)
Ahora bien, los resultados deben tomarse en cuenta. Yo no me atrevo a decir que no debemos sentirnos inquietos si entre las personas que nos rodean no hay conversiones. Debería inquietarnos mucho. Pero los resultados, para tener algún valor, deben ser genuinos. Lo que prepara a un hombre para ir al cielo es la regeneración y no el pasar por las distintas etapas de una conversión psicológica.
Y pregunto otra vez, ¿Cuál es mi móvil al querer resultados? ¿Preocupación por mi prójimo? ¿El amor de Cristo me constriñe? ¿Anhelo de la gloria de Dios? ¿O simplemente estoy tratando de demostrar algo, de lucir algo?
Falsos motivos
Otro problema básico de nuestra pasión por resultados es que pertenecemos a una cultura de vendedores. El representante real del siglo XX no es el científico ni el viajero espacial, sino el vendedor. Es él la persona que realmente mantiene la máquina en movimiento y el éxito de un vendedor se mide por el número de cosas que consigue vender. Si vende, triunfa.
Muchos vendedores tienen dudas secretas acerca de la calidad del producto que están vendiendo. Sin embargo, deben reprimir estas dudas y usar las técnicas de ventas que se les han enseñado. De hecho, las grandes compañías tienen sus propias técnicas para mantener bien alta la moral del vendedor.El vendedor debe vestir bien y conducir un lindo automóvil. Esto crea a su alrededor una aureola de éxito y el éxito trae más éxito.
El vendedor tiene que mostrarse “interesado” en sus clientes y su interés debe parecer “genuino”. (Me pregunto si puede haber un interés cuando en última instancia el móvil es la venta, la comisión y el puesto de honor en el rol de vendedores). El vendedor debe demostrar no sólo la virtud de su producto, sino que tal producto es justo lo que el cliente necesita, El vendedor de enciclopedias está genuinamente tratando de ayudar al Sr. Pérez a resolver sus problemas culturales pero tiene que resolverlos ahora. ¿Por qué esperar? La oferta que se le hace a Pérez es sin paralelo, es de algo que necesita ahora ¡Al comprar la enciclopedia va ahorrar dinero!
Como vivimos en un mundo de vendedores que van de puerta en puerta y de otros un poco mas sofisticados; de avisos comerciales en la radio y televisión; de espacios de publicidad en las revistas y de mil y una maniobras publicitarias, resulta lo más natural que pensemos que el evangelio es una cosa más de las que hay que vender. De hecho, hay ciertos misioneros y evangelistas que afirman que la evangelización es un asunto de “arte de vender”.
Las comparaciones son obvias. Tenemos algo que todo el mundo necesita. Somos responsables de llevar el conocimiento de ese algo (o alguien) a toda criatura. El tiempo es importante. Los hombres y mujeres deberían decidirse por nuestro Producto (perdonen el uso de esta repugnante palabra).
Pero hay ciertos peligros en la comparación. El Sr. Pérez puede comprarse una enciclopedia (presionado por la técnica del vendedor) y darse cuenta después de que no era eso lo que él quería hacer. Le han lavado el cerebro, por no decir más. La experiencia le va a resultar ingrata, pero no adquiere las dimensiones de una tragedia la cosa es realmente trágica cuando el decidirse por Cristo para una persona representa solamente el ceder al “arte de vender” de algún cristiano.
Falsa esperanza
En primer lugar, si el Espíritu Santo no ha obrado, la persona no ha nacido de nuevo. Su “fe” no es fe salvadora. Tiene una falsa esperanza.
Por otra parte, si posteriormente reacciona contra su “conversión” su “resistencia a que le vendan” va a aumentar en alto grado como resistencia al evangelio. Hay por todo el mundo muchísima gente que está en una actitud doblemente adversa al evangelio porque ha pasado por una experiencia espuria de conversión.
Lo que es más, la mentalidad de vendedor está llena de trampas y peligros latentes. Va contra la esencia misma de lo que es el testimonio. Vestirse muy bien ¿por qué? ¿Para impresionar? ¿En bien del testimonio? ¿Consiste el testimonio en un traje impecable y una camisa y corbata del mejor estilo? ¿No estaremos confundiendo el testimonio con la “reputación” y la imagen para el público”?
Lo que es todavía peor. ¿Eres tú uno de esos pobres cristianos que se esfuerzan por aparentar una fachada de vida victoriosa “para atraer a otros hacia Cristo”? esto, por supuesto, es tu equivalente de un traje impecable. Sonríes (o se supone que lo hagas) porque un cristiano es una persona gozosa. Procuras parecerte a Jesús aunque no tienes una idea clara de lo que es ese parecido con Jesús.
Es parte de la técnica. Tienes que atraer a los demás hacia Cristo. Y si esto significa suprimir algo de tu manera de ser, tu yo real, y ponerte la careta de un gran actor, bueno, eso es parte del testimonio. Tu real manera de ser, tu yo verdadero, aparece en la noche, en tu cuarto, cuando no hay nadie que te vea más que Dios. Y la opinión de él no es la de un posible cliente, un posible convertido. ¡Ya está en el grupo de los “tuyos”!
¿Nunca se te ha ocurrido que la esencia de un testigo (una parte inmensa de la evangelización) es precisamente la simple honestidad? Tú eres sal – te sientas sal o no. No se te ha dicho que actúes como si fueses sal, sino que seas lo que eres. Tú eres luz. Dios ha hecho una obra en tu vida. No procures brillar. Deja que brille la luz que Dios ponga en ti.
Ser honesto
Ahora bien, dejar que tu luz brille exige sólo una cosa: honestidad. Es una exigencia de honestidad ante los creyentes. De hecho, tal honestidad es en sí misma el 99 por ciento del testimonio. Testificar no es ponerse una fachada cristiana como para convencer a probables clientes. Testificar es ser honesto, esto es, ser consecuente con lo que Dios ha hecho en tu manera de hablar y en tu conducta diaria.tal honestidad demandará que hables acerca de Cristo con aquellos incrédulos que conversan contigo. El hecho de que en el pasado hayas tenido que inventar trucos para crear oportunidades de hablar de las realidades espirituales prueba que subconscientemente has estado invalidando las oportunidades que continuamente se te presentan.
Todos nosotros escondemos nuestro yo real detrás de una fachada. Mantener la imagen que hemos creado para los demás nos exige que hablemos, que nos riamos y que nos conduzcamos de cierta manera. Nuestra conversación va dirigida a crear cierta impresión en aquellos con quienes hablamos, a construir o preservar la imagen de nosotros mismos que queremos vender a los demás. Ahora bien, para muchos de nosotros testificar quiere decir agregar ciertos detalles cristianos a esta imagen. Pero al hacer esto estamos predicando a nosotros mismos, no a Cristo.
Por otro lado, el verdadero testificar significa abolir la fachada detrás de la que nos escondemos, no modificarla. Vivir detrás de una fachada es esconder mi luz “debajo de un almud”. Es falsedad; y la falsedad opaca la luz divina, no la refleja.
Ahora bien, si tu eres siquiera parcialmente honesto (la honestidad total es rara y es cosa difícil), en una conversación con un no creyente va a resultarte muy difícil el evitar hablar acerca de Cristo y lo cristiano. ¿Dices tú que es difícil testificar? Yo afirmo que con un poco de honestidad resulta imposible no testificar.
Ignorancia honesta
Ahora bien, la honestidad exige también que admitamos que no lo sabemos todo. Un buen vendedor siempre tiene una respuesta, jamás se queda sin responder. Pero tú no has sido llamado ser un vendedor, sino un testigo. Esto es, a ser franco y abierto en cuanto a lo que sabes y que has experimentado.
¿Estás a lo mejor esperando a tener todas las respuestas para comenzar a testificar? No lo hagas. Procura por todos los medios encontrar respuestas a los problemas, pero no pospongas tu testimonio hasta tenerlas todas. Prepárate a decir que no sabes cuando ese caso llegue. Nadie se va a sorprender. Dios no depende de la capacidad de discusión de los cristianos.
Hace unos años algunos alumnos del Instituto Bíblico Moody organizaron una reunión en la Universidad de Chicago. Personalmente yo no hubiese considerado que alumnos de ese instituto eran los más indicados para evangelizar a personas tan intelectualizadas y sofisticadas como los estudiantes de
la Universidad de Chicago (lo digo sin propósito de ofender). Cuando llegó el momento de las preguntas y respuestas los asistentes hicieron una serie de preguntas difíciles. Los estudiantes de Moody tuvieron el buen sentido y la honestidad de admitir que no podían responder algunas de ellas.
Su honestidad fue parte integral de su testimonio.
Ella cumplió su propósito. Uno de los catedráticos de la Universidad de Chicago expresó públicamente su interés en saber más acerca del mensaje. Dijo que era la primera vez en su vida que se encontraba con cristianos que admitían que no sabían todas las respuestas. Esto, dijo, en vez de disminuir su confianza en ellos, la había aumentado.
Valoración honesta
La honestidad requiere también que reconozcamos el fracaso. Es malo el fracaso, pero es peor engañarse respecto al fracaso. El fin no justifica los medios, nunca quiero decir que la honestidad significa dar rienda suelta a tus peores instintos. Pero creo firmemente que encolerizarse es mejor que fingir que no estás encolerizado. Sostengo firmemente también que admitir que fracasas en tu vida cristiana lejos de ser perjudicial al testimonio, puede aun ser una parte del testimonio. Tu honestidad en sí misma es un testimonio. Admitir fallas demanda valor y gracia realmente espirituales. Sólo aquél que no está preocupado con su “imagen publica”, sino con su Señor, está en condiciones de hacerlo.
¿Pero acaso el pecado y nuestras fallas no son vergüenza para el Señor? Si, lo son de hecho. Pero la vergüenza no se quita encubriendo el pecado sino encubriéndose de él como corresponde. Y es claro que no puedes comenzar a ocuparte de él como corresponde hasta que no seas honesto contigo mismo y, cuando sea necesario, con los demás, respecto a dicho pecado.
No esperes ser perfecto para testificar. Testificar significa ser honesto en todo momento – también ahora. Nunca encubras tus debilidades para testificar. Lo que el mundo quiere ver no es un cristiano perfecto, sino la gracia de Dios obrando en un cristiano débil e imperfecto.
Muchos cristianos de nuestros días tienen un trágico error de concepto en cuanto al papel que ellos desempeñan en la conversión de una persona. Deberíamos rogar y exhortar al incrédulo no porque nuestro ruego y nuestra exhortación lo salven, sino porque no podemos hacer otra cosa; porque esa actitud surge de nuestro ser. Al hacerlo no hacemos sino expresar lo que el Espíritu Santo está Haciendo entre nosotros. Realmente el Espíritu Santo es como la partera que trae a la vida un alma nacida de nuevo. Querer hacer nosotros el papel del Espíritu Santo es peligroso, inmoral y blasfemo.
Creo que en la evangelización moderna, tanto publica como personal, estamos vendiendo nuestra primogenitura por un plato de lentejas. Creemos que hemos domesticado al Espíritu Santo y que lo manejamos, cuando lo único que hemos domesticado y manejamos es un poco de psicología barata. No estamos presentando una Persona, sino promoviendo un símbolo. Hemos sido llamados a la gloria y honro de ser testigos del Señor de la historia y Redentor de la humanidad, y lo que hacemos es manosear nuestras estúpidas técnicas para “conseguir decisiones”.
Es hora de que abandonemos nuestro engaño blasfemo y permitamos que la luz brille de tal manera ante los hombres, que ellos glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos.

John White – Febrero 1982

Fuente: anyulled.blogspot.com.ar

2 Replies to “¿Evangelización o Técnicas de Venta? por John White”

  1. pepito

    ¡¡¡Muy cierto!!! y lo peor es que fui testigo de muchos de estos lamentables casos :(
    Hay mucho «lobo» predicador con piel de oveja conduciendo a otros al matadero (y a sí mismos)

  2. william blanco

    ¡mil gracias por este mensaje. necesitamos mas verdades que nos indiquen que es lo que agrada a nuestro señor.!

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